13 de octubre de 2012

De cuando Häendel creó El Mesías, una joya del barroco para todos los tiempos



Era un día lluvioso de primavera. Cabizbajo, caminaba calle abajo  a la salida del Haymarket. Desde que comenzaron las primeras notas de Ombra mai fú,  Georg Friedrich intuyó que sería la última vez que Serse se representaría sobre ese escenario. Y así fue. Tras esa función se retiró del cartel. Lejos quedaba aquella época en la que el público amaba sus obras, ese mismo que ahora le daba la espalda … 

Había sido un mal año. Las duras críticas y las deudas se acumulaban. La salud tampoco acompañaba y sufrió una repentina apoplejía, aunque contra todo pronóstico, Häendel se repuso casi milagrosamente pudiendo volver a deslizar sus dedos ágilmente por el clavicordio. Pero la cancelación de la temporada de ópera, había terminado de empeorar la situación. Aunque apesadumbrado, decidió no dejarse vencer por los infortunios y continuó con su trabajo. Compuso alguna ópera más y varios oratorios que lo sacaron de sus problemas económicos, pero solo provisionalmente. Su compañía quebró y el músico no veía escapatoria a esa situación. Perdió su fe y se dejó vencer, desvaneciéndose así su inspiración creadora al igual que su dinero.

Una noche de 1740, cuando regresó a casa después de su paseo vespertino, su criado al abrir la puerta le dijo: - He dejado sobre la mesa del despacho un sobre que ha traído ese poeta que escribe para usted. Häendel tras unos segundos pensativo, contestó: 
- ¿Charles Jennens? No creo que me interese demasiado. Ese joven me trajo mala suerte en mi último oratorio, es un simple aficionado.

Subió las escaleras con torpeza, ya que las secuelas de la parálisis que afectó su lado derecho, impedían que su pierna respondíera hábilmente a las órdenes de su cerebro. Llegó a sus aposentos y se acercó a echar un vistazo al libreto: “El Mesías” anunciaba el título de la obra. Él, cansado ya de tantos fracasos, no tuvo intención de leerlo. Lo volvió a dejar sobre la mesa. Tomó su cena y antes de retirarse a dormir, una fuerza misteriosa lo impulsó a tomar de nuevo el manuscrito en sus manos ... 

Pasó algunas páginas y leyó los primeros pasajes: “Consolaos … Así dice el Señor … Y purificará … La Gloria del Señor”. Su corazón se sobrecogió y como enloquecido, se dirigió hacia su clavicordio e inspirado por aquellas palabras del Antiguo Testamento y del Apocalipsis, comenzó a poner notas a esos textos que según iba leyendo, le iban sanando el alma. Fueron unos días de trabajo intenso e incesante … apenas descansaba ni se alimentaba. De vez en cuando se escuchaba a un exaltado Häendel gritando:  ¡Aleluya! ¡Rey de Reyes! ¡Aleluya! .
Tres semanas más tarde, apaciguado y con su gran obra acabada, salió de su retiro y exclamó: - "Creo que he visto el cielo delante de mí, y también a Dios."
 
 
 


 

4 comentarios:

  1. Desconocía la historia de como se llegó a componer El Mesias... y me ha gustado mucho leerlo!. En unos días podremos disfrutar nuevamente de su obra ¿preparadas para el domingo??

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    1. Casi, casi preparada, Alicia! Nunca se està totalmente preparado para esto, verdad?

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    2. ¡¡¡Cuanta razón!!, recién llegada, agotada, pero muy contenta!. Y si... a seguir preparandonos!

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  2. Me alegro que te guste la historia. Yo no estaba allí ... pero leyendo escritos sobre El Mesías y su creador, he escrito esto imaginado que los hechos pudieron ser así; es decir que algo de ficción seguro que hay.
    ¡Para el domingo habrá que llevar bien afinadas nuestras cuerdas vocales y preparase para las coloraturas que nos propone Häendel! Cuántas emociones ...

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