Este fin de semana hemos tenido el honor y el placer de
ensayar con Andrea Marcon, y a juzgar por sus bravissimos, parece ser que
nuestros esfuerzos han visto los resultados esperados, y que Jerónimo, nuestro maestro preparador, ha conseguido la
increíble proeza de aunar casi 500 voces de modo que suenen tan bien empastadas.
A estas alturas, ya no se decir cuál de los 15 coros que vamos a interpretar es
mi favorito. Pero sí voy a destacar de este último ensayo, el momento Surely … creo que a los que ayer lo vivisteis a mi lado,
no hace falta explicaros por qué …
Y esto ya está llegando a su final … El 6 de octubre, cuando
empezó nuestra andadura con Häendel, tenía la sensación de que la aventura
nunca iba acabar. Cuántas horas de ensayo por delante para aprender,
sentir, soñar … ¡cantar! Pero ayer,
tuvimos que decir adiós al Aula Magna del Colegio de Médicos, y ahí, entre sus paredes, quedarán para siempre imágenes de los días
que vivimos felizmente al ritmo del barroco … momentos de un valor incalculable
para mí.
Comencé este blog vaticinando que esta sería una maravillosa experiencia y un motivo de satisfacción y crecimiento personal … y creo que lo que había imaginado se ha superado con creces. A 9 días de la clausura de este proyecto con el concierto del día 5, solo puedo dar las gracias, gracias y más gracias a todos mis compañeros, a mi familia por quererme tanto y permitir que les haya robado tantas horas, a nuestro director por estar siempre ahí, a Borja Mariño, nuestro maestro repetidor, a la Fundación La Caixa por ofrecernos esta vivencia, y cómo no ... a ese señor que supo crear algo tan bello y que, de algún modo, nos ha hecho viajar en el tiempo. Ése del que Beethoven dijo: “Logra la grandeza con los medios más simples. Me quitaría el sombrero y me arrodillaría ante su tumba”
Comencé este blog vaticinando que esta sería una maravillosa experiencia y un motivo de satisfacción y crecimiento personal … y creo que lo que había imaginado se ha superado con creces. A 9 días de la clausura de este proyecto con el concierto del día 5, solo puedo dar las gracias, gracias y más gracias a todos mis compañeros, a mi familia por quererme tanto y permitir que les haya robado tantas horas, a nuestro director por estar siempre ahí, a Borja Mariño, nuestro maestro repetidor, a la Fundación La Caixa por ofrecernos esta vivencia, y cómo no ... a ese señor que supo crear algo tan bello y que, de algún modo, nos ha hecho viajar en el tiempo. Ése del que Beethoven dijo: “Logra la grandeza con los medios más simples. Me quitaría el sombrero y me arrodillaría ante su tumba”
