Los primeros meses, al escuchar el Mesías en su totalidad, no me cabía duda de que me estremecía mucho más la primera mitad de la obra. Despues de la tácita emoción del Surely y el explosivo Allelujah, y desde mi ignorancia, no encontraba la misma magia en los coros que nos estábamos preparando. Se me aturullaba un poco toda la música, no oía ni la claridad, ni el lugar que ocupaban las voces, ni siquiera la de soprano.
Entonces Jerónimo dijo una frase clave: "Esta fuga escolástica..." ¡Una fuga! De repente mi cabeza se inundó de las fugas de Bach que tocaba a dúo con mi padre en la guitarra cuando era niña, y todo se esclareció. Una fuga, un juego de melodías entre 2 o más voces que entran, que salen, que se responden y se complementan...el truco estaba en buscar cuál de las cuatro voces estaba cantando el tema principal, escucharlo, y seguirlo a lo largo del coro. Todo cobró sentido. A veces las sopranos, a veces los tenores, a veces las voces más graves.
Ahora logro escuchar el coro en su totalidad, oigo el tema principal y cómo Haendel juega con él como un niño con dos cubos llenos de agua - trasvasando, rellenando, salpicando... ¡Ya no tengo tan claro que me guste más la primera parte! Ahora simplemente me estremezco en contrapunto.
Esta forma de componer tan poco convencional de las fugas, me ha fascinado. Si buscas información sobre ello, es algo tan complejo que te pierdes, pero ha sido todo un descubrimiento aprender a escuchar ese juego de Häendel que tan bien describes ...
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